Viravida: proyecto transforma historias de vida de jóvenes víctimas de la explotación sexual

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El proyecto “Viravida: historias de vidas transformadas”, ideado por el Consejo Nacional del SeSI [Servicio Social de la Industria] y ejecutado por el Museo de la Persona (instituto que tiene como objetivo registrar, preservar y divulgar la memoria a través de la recolección de historias de vida), reúne relatos de personas a las que de alguna forma se les transformó la vida por la ayuda del proyecto.

En total, se realizaron 90 entrevistas; de ellos, a 46 jóvenes atendidos por el proyecto, a 11 familiares de esos jóvenes, a 13 profesionales que forman parte del equipo de Viravida, a 14 representantes de instituciones asociadas y a 6 representantes de empresas en 19 ciudades de Brasil. Estos relatos dieron como resultado el libro “Historias de vidas transformadas”.

Viravida es un proyecto socioeducativo creado por el SeSI en 2008, que atiende a jóvenes de 16 a 21 años, víctimas de abuso sexual o que estén en situación de explotación sexual. La mayoría de los jóvenes atendidos pertenece a las clases sociales más pobres y tiene una baja escolaridad. Muchos de esos niños y niñas han pasado por experiencias relacionadas con el trabajo infantil, el embarazo precoz, el uso de drogas y la mendicidad.

El proyecto utiliza una tecnología de intervención social que ofrece a los participantes la oportunidad de adquirir los conocimientos necesarios para el desarrollo de sus habilidades, para que sus vidas sean transformadas mediante la inserción en el mercado de trabajo. El objetivo es garantizarles sus derechos y la elevación de la autoestima de esos jóvenes, de una forma que revele sus potencialidades, para que así alcancen la autonomía y el desarrollo pleno de sus vidas.

Esos niños y niñas abrieron sus corazones y mentes para contar sus historias de vida. Son relatos de superación, logros y realizaciones. Los nombres e informaciones que podrían revelar sus identidades fueron omitidos para proteger su intimidad y para que no quedaran más expuestos a las actitudes discriminatorias que siempre formaron parte de sus vidas.

El primer capítulo del libro, titulado “Guerreros”, reúne los relatos de los alumnos y ex alumnos de Viravida que sufrieron maltratos desde cuando nacieron, entregaron sus vidas al mundo de las drogas y de la prostitución, y vivieron abandonados en las calles. Cuentan cómo lograron superar las peores fases de sus vidas, cómo se levantaron del fondo del pozo y volvieron a construir sueños.

Antes de participar en el curso del proyecto, algunas jóvenes se prostituían para ganar dinero y comprar drogas. Usaban esas drogas para lograr prostituirse. Eliane y Danielle son dos jóvenes que pasaron por eso.

Eliane comenzó a usar drogas a los 12 años de edad, cuando entró en una escuela estadual, y comenzó a involucrarse con las alumnas de más edad, que se drogaban. “Ellas usaban drogas y yo me sentía en la obligación de usarlas también. No quería ser diferente. Comencé a fumar marihuana, pero no me gustaba, la usaba sólo por usarla”. A partir de los 15 años, comenzó a mezclar la marihuana con el crack, porque se veía gorda y quería adelgazar. “Comencé a usar marihuana mezclada con crack para perder peso. Fui fumando, fumando, fumando… Quedé muy flaquita, muy bonita. Ahí me dije: ‘Está bien, voy a parar, si no voy a quedar demasiado flaca y en casa se va a dar cuenta.’ Pero no logré más parar, ya estaba enviciada”, cuenta Eliane.

Dice que durante un tiempo logró sustentar el vicio sólo con el trabajo, pero después comenzó a robar y a prostituirse. Cuando sus padres la descubrieron, fue a parar a la calle. “La única salida que encontré fue prostituirme. Cuando no sabían para qué era, me daban hasta un buen dinero, 70 reales, 50 reales. Pero cuando todo el mundo se enteró de que yo era drogadicta, nadie me quería dar más que 10 reales por un ‘servicio’”.

Cuando tenía 17 años, quedó embarazada y paró de usar drogas, pero después de algún tiempo, cuando su hija cumplió un año y un mes, volvió a usar crack nuevamente. “Me quemaba las manos, los labios, la nariz, la boca. ¡La fisura era tanta! No percibía que me estaba quemando. No comía, no dormía. Vivía sólo para las drogas”.

Después de quedar embarazada por segunda vez, Eliane supo del proyecto Viravida y decidió inscribirse. “Cuando fui seleccionada, fue algo muy bueno, porque ya estaba queriendo salir de las drogas; entonces lo vi como una oportunidad. Viravida fue una chance para que saliera de aquella vida”. Hoy, Eliane tiene 24 años, vive con su hijo y su marido, trabaja como vendedora y tiene el sueño de ser feliz y olvidar todo lo que ocurrió en el pasado.

Otro caso parecido al de Eliane es el de Danielle, que entró en el mundo de la prostitución y de las drogas a causa de su padre, traficante y usuario de drogas, y de su madre, drogadicta, traficante y prostituta. Además de la madre, la hermana también se prostituía. “Yo también quería ganar dinero, comprar ropas, zapatos, bisutería, maquillaje… Tener lo que ellas tenían”, cuenta Danielle.

Relata que siempre fue una buena alumna en la escuela, apasionada por la lengua portuguesa y que siempre fue incentivada por su abuela y por su tía. “Mi vida pasó así a estar dividida entre el modo de vida de mi madre, prostituta, drogadicta y traficante, y el de mi abuela y mi tía, evangélicas. Gracias a ellas, me mantuve en la escuela y logré cursar el Magisterio hasta el tercer año”.

Pero lamentablemente, Danielle comenzó a usar drogas. “Inmediatamente, comencé a drogarme a pedido de los clientes, o para tener estómago para enfrentarlos. Aspiraba loló (mezcla de cloroformo y éter), fumaba marihuana con crack, tomaba muchas pastillas de tarjeta negra porque a veces no estaba en condiciones para encarar a un hombre y satisfacer todos sus deseos”.

Danielle relata que a veces, trabajaba de prostituta junto con su madre y su hermana. “Algunas veces, trabajábamos juntas. Quien organizaba todo era mi madre. No sé cuánto cobraba. Ellos nos contrataban a las tres juntas. ¡Era horrible, no quiero ni recordarlo!”

Un día, salió para atender un pedido con su hermana, y las dos fueron violadas por seis hombres. “Después de que fui violada, pasé a tener miedo de encarar la calle, pasé a hacer pedidos de prostitución eventuales y a ayudar a mi padre y a mi madre a traficar”.

A los 18 años, Danielle quedó embarazada de un cliente que no quiso usar preservativo. “Pasó un tiempo, él estaba asumiendo la pensión de la niña, sí, y después paró. Lo llevé a la justicia. Y hoy en día, me da cuando quiere”.

Cuando Danielle comenzó a participar en el Viravida, todavía hacía algunos trabajos de prostitución; después de algunos meses, paró y comenzó a frecuentar la iglesia con su abuela. Actualmente, tiene 24 años, concluyó la escuela secundaria, está empleada como ayudante de servicios generales y tiene el sueño de tener una casa, formarse y dar un buen estudio a su hija. Está luchando para realizarlo.

fuente: http://site.adital.com.br/site/noticia.php?lang=ES&cod=87082

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